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Una de cada cuatro personas presenta síntomas compatibles con un trastorno del eje cerebro-intestino
Redacción.- La Unidad de Neurogastroenterología del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa de Sevilla, liderada por el doctor Manuel Medina Cruz, advierte de que una de cada cuatro personas puede tener síntomas compatibles con un trastorno del eje cerebro-intestino (TECI), según los criterios de ‘Roma IV’, así como que es la segunda causa de absentismo laboral y académico después del resfriado común.
“Este tipo de trastornos funcionales digestivos merma la calidad de vida de los pacientes, causan gran inseguridad, falta de autoestima, y ven cómo su vida cambia en pocos meses desde el punto de vista emocional, ya que psicológicamente les produce mucha sobrecarga negativa, por lo que se perpetúan y agravan los síntomas”, subraya el digestivo, quien incide en que, en algunos casos, se opta por recurrir incluso a fármacos neuromoduladores o psicoterapia, alternativas usadas habitualmente en este tipo de consultas especializadas.
Todo ello, según alerta el doctor Medina Cruz, da lugar a una alta tasa de “autocuidados” o “autoremedios” a los que recurren los pacientes, haciendo búsquedas activas en internet para probar métodos terapéuticos, que, en el mejor de los casos, no les causará perjuicios, pero “en la mayoría de los pacientes sí hará que aumente su ansiedad, malestar, sentimientos negativos, empeoramiento de calidad de vida o que incluso algunos desarrollen trastornos de la conducta alimentaria por recurrir a dietas restrictivas”.
Tal y como recoge Quirónsalud, en este sentido, aconseja acudir a un especialista que evalúe cada caso concreto con el apoyo de un equipo multidisciplinar, compuesto por digestivos, endocrinos, nutricionistas, psicólogos, entre otros; para abordar esta patología y su tratamiento desde todos los aspectos que en ella influyen, asegurando los mejores cuidados y resultados posibles.
Y es que este tipo de trastornos se diagnostican de forma positiva en base a criterios clínicos, con multitud de pruebas complementarias para descartar enfermedades orgánicas, lo que lleva consigo “una carga emocional muy intensa, una merma considerable en su calidad de vida, e incluso que se sientan verdaderamente incomprendidos en ocasiones”, apunta Medina Cruz.


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