La microbiota modula el impacto positivo del ejercicio físico moderado sobre la memoria

Redacción, 27-08-2025.- Un trabajo del Centro de Neurociencias Cajal (CNC) del CSIC, entidad adscrita al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, muestra la implicación del ejercicio físico moderado y la microbiota intestinal en los efectos cognitivos asociados al deporte. En primer lugar, los investigadores observaron en modelos animales que la práctica física, de unos 40 minutos a velocidad media, mejora la diversidad de las bacterias que habitan en el intestino.

En segundo lugar, comprobaron que estos cambios en la microbiota intestinal modulan en gran medida los efectos del ejercicio físico en el cerebro, como la mejora de la memoria o la neurogénesis.

Los resultados publicados en eBioMedicine, revista del grupo The Lancet, abren una nueva vía para desarrollar futuras terapias, basadas en la microbiota, que permitan combatir enfermedades neurodegenerativas y trastornos cognitivos.

Hace tiempo que se conocen los efectos del deporte sobre el cerebro, como su capacidad para hacer frente al envejecimiento o para mejorar la evolución de enfermedades como el alzhéimer. Sin embargo, conseguir estos efectos positivos depende de la hormesis, es decir, la curva que fija su evolución hasta llegar a un techo, conocido como punto de inflexión, a partir del cual el aumento de la intensidad o duración del ejercicio hace que no solo desaparezcan sus efectos, sino que empiece a ser contraproducente. Sin embargo, la curva hormética varía en función de cada individuo, por lo que todavía se sigue estudiando la intensidad concreta que determina el punto de inflexión.

Tal y como recoge el CSIC, ahora, el trabajo coordinado por José Luis Trejo, investigador del Centro de Neurociencias Cajal (CNC-CSIC), ha demostrado en un modelo animal que el ejercicio moderado, con una duración de unos 40 minutos y con una velocidad media, mejora el rendimiento cognitivo, la discriminación espacial y el desarrollo de nuevas neuronas en el hipocampo, una región clave en la memoria y el aprendizaje. Por tanto, todos estos beneficios cognitivos dependen del ejercicio físico, pero sobre todo, de que este se practique de manera moderada, ya que un aumento excesivo de la intensidad o duración provoca que pierda su eficacia, como muestran los resultados neutros observados en ratones.

“Hay un punto óptimo de ejercicio desde el cual se logran beneficios, y pasarse de esa dosis puede no sólo no ayudar, sino impedir esas mejoras”, subraya Elisa Cintado, investigadora del CNC-CSIC y primera autora del estudio.



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