L. Fernández: “No hay que focalizarse en un futuro imaginado con pensamientos negativos anticipatorios”

Redacción.- Lourdes Fernández, especializada en Psicología de Emergencias, analiza las consecuencias que deja la pandemia en la salud mental en una entrevista realizada por La Razón.

A continuación se recoge parte de la entrevista.

Pregunta-Después de un año de convivencia con la Covid-19, ¿cuáles son las secuelas psicológicas más comunes que puede dejar esta pandemia entre la población general?

Respuesta- La incertidumbre, el estrés y el sufrimiento, mantenido en el tiempo, dejan secuelas. Las personas estamos preparadas para reaccionar frente a amenazas ciertas y puntuales, pero no y mucho menos cuando son tan intensas y mantenidas en el tiempo. En esas circunstancias la posibilidad de no soportarlo y romperse es factible incluso a pesar de haber resistido lo impensable. Se produce lo que ya se ha dado en llamar la fatiga pandémica. La sensación de estrés puede inicialmente auto negarse, con la idea de que sería algo temporal y lógico, de magnitud superable, y por ello pasajero. Veo a diario duelos complicados, depresiones, ansiedades, conflictos en la pareja, irascibilidad, tensión, fobias, en la mayoría de los casos como consecuencia de las vivencias de este último año. Es demasiada tensión mantenida en el tiempo y todo eso a la larga se expresa en forma de secuela psicológica. Los síntomas más frecuentes son sintomatología ansiosa, dificultad para respirar, ahogos, problemas en la conciliación y el mantenimiento del sueño, bajada de la capacidad de atención y de concentración, trastornos psicosomáticos, bajo estado de ánimo, tristeza, perdida de ilusión, llanto inexplicable y recurrente, confusión mental. Somos una población “muy tocada”.

P-¿Esas secuelas pueden dejar heridas a largo plazo y provocar consecuencias más graves a nivel psicológico?

R- Sin duda, dejará secuelas a largo plazo. Nuestro cerebro está aprendiendo constantemente. No podemos evitar que nuestras experiencias nos dejen huella, y por tanto incorporaremos prevenciones y miedos que antes no teníamos: el temor de considerar que los otros pueden ser peligrosos y por tanto, resiliencia aparte, algo que tanto necesitamos, como es el contacto con los demás, va a sufrir una profunda afectación. Ciertas obsesiones y fobias se agravarán, las manías creceránjunto con las depresiones que se incrementaran y extenderán como resultado de haber vivido pérdidas de seres queridos de forma cruel y repentina y no podemos olvidar los frecuentes y potentes efectos de las secuelas de los que hayan superado la enfermedad tras largo tiempo de hospitalización.

P-Por culpa de la pandemia es normal que estemos más irritados, nerviosos o tristes, pero ¿qué síntomas pueden servir de voz de alarma sobre la aparición de problemas psicológicos más graves?

R-Cuando los síntomas sean tan intensos o perduren mucho en el tiempo, de tal forma que nos impidan desarrollar nuestra vida normalmente o como nos gustaría hacerlo, y abandonemos actividades que antes nos resultaban placenteras, porque no tenemos el estado anímico adecuado para llevarlas a cabo, ni encontrar sustitutos suficientemente satisfactorios, ello constituirá un estado de cronificación que puede acarrear un grave problema psicológico.

P-¿Quiénes son las personas más vulnerables para sufrir ese tipo de problemas psicológicos?

R- Aquellas que han experimentado una vivencia grave dolorosa o extrema en su vida, con pérdida o deterioro de su calidad de vida, que le haya supuesto consecuencias de pérdidas y con más incidencia en aquellos que además ya padecían alguna patología mental/emocional previa.

P-¿Qué consejo le daría a todos los lectores para que cuiden más su salud mental en estos tiempos de pandemia?

R- Por supuesto llevar una vida lo más sana y ordenada posible, con actitudes saludables como la alimentación, dormir las horas adecuadas, ejercicio, distracciones dentro de las medidas de prevención de la salud, y evitar los excesos como las compras o muchas horas de televisión, debiendo asimismo cuidar las relaciones personales, evitando los conflictos, procurando no molestarnos mutuamente. Es importante que nos centremos en nuestro presente, y no nos focalicemos en un futuro imaginado con pensamientos negativos anticipatorios. Esta forma de pensar nos lleva a ponernos en lo peor, siendo normalmente poco realista, pero produce emociones de ansiedad y desesperanza. Por ello es importante que reconozcamos cuando estamos haciendo esta conducta y, además de practicar la relajación y la meditación, nos demos autoinstrucciones para valorar lo que tenemos, nuestras capacidades y posibilidades de una forma realista. Esto nos centrará y permitirá adaptarnos a la nueva situación que nos afecta a todos.



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