El uso de pantallas interfiere en el descanso de los adolescentes

Redacción.- Diferentes investigaciones realizadas en la última década han demostrado que el déficit de sueño es un problema importante de salud en la adolescencia. Como causa de esa problemática, expertos en medicina del sueño señalan al síndrome de retraso de fase, un trastorno del ritmo circadiano frecuente en la adolescencia que provoca una dificultad en la conciliación del sueño, así como una dificultad para levantarse por la mañana; y la falta de sincronía de los ritmos cronobiológicos de los adolescentes con los horarios lectivos o de actividades extraescolares -especialmente de índole física- (que empiezan muy pronto y acaban muy tarde, respectivamente).

Además, en los últimos años se ha objetivado un incremento en el uso de dispositivos electrónicos (pantallas) especialmente a últimas horas del día, el conocido como vamping tecnológico.

Sin embargo, según los resultados de un estudio realizado al final del confinamiento de los meses de marzo, abril y mayo de 2020 y presentado durante la celebración de la XXIX Reunión Anual de la Sociedad Española de Sueño (SES), el uso de pantallas en horario nocturno no tiene un impacto tan significativo sobre el sueño de los adolescentes.

“Los resultados han sido muy interesantes porque, tal como esperábamos, el aislamiento social, el aprendizaje mediante métodos on-line, así como los horarios más flexibles comportaron un incremento significativo en el uso de dispositivos electrónicos y un retraso en el inicio y el fin del sueño. Este aumento en el uso de pantallas se asoció a una dificultad para conciliar el sueño y a otros hábitos no saludables.

No obstante, no se puede atribuir al vamping tecnológico, ya que no se objetivó un incremento de este fenómeno”, ha explicado la doctora Marta Moraleda, investigadora principal de este estudio y miembro del grupo de trabajo de Pediatría de la SES.

El estudio recopiló las respuestas a un formulario de 57 preguntas de 265 padres cuyos hijos tenían entre 10 (5º de primaria) y 18 años (13,6 de media de edad), eran estudiantes en activo durante el curso 2019/2020 y estuvieron confinados en sus hogares durante la primera ola de la pandemia desatada por la COVID-19. En todos los participantes se analizaron tres variables principales tanto antes como durante el confinamiento. Por un lado, los patrones de Sueño (latencia, hora de irse a la cama/levantarse, despertares, siestas); por otro, el uso de dispositivos electrónicos (horas al día, tipo y horarios) y, por último, otros hábitos saludables como la exposición a luz solar, la dieta o la actividad física.



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