B. Fontán: “La dieta debe plantearse de manera individualizada teniendo en cuenta los factores que rodean al individuo”

Redacción.- Belén Fontán, nutricionista del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo de Madrid, aborda en una entrevista con el periódico La Razón, las necesidades nutricionales de las personas y cómo llevar una dieta equilibrada. A continuación se recoge parte de la entrevista.

Pregunta- Con el tiempo cambian las necesidades nutricionales de las personas. ¿Cuáles son éstas llegados a la tercera edad?

Respuesta- Se estima que el requerimiento energético se ve disminuido de manera general. El óptimo es aquel que permite al individuo realizar cierta actividad física y mantener el peso en límites adecuados. Del mismo modo, los requerimientos proteicos se ven reducidos con respecto a la edad adulta; los de hidratos de carbono tienen que ir ajustados en función de los niveles de glucosa en sangre del individuo y teniendo en cuenta la importancia de incorporar la fibra dietética a la dieta; y el lipídico baja también debido al aumento de colesterol y triglicéridos en sangre característico de la tercera edad.

P- ¿Cuáles son las claves para tener una dieta equilibrada en estos casos?

R- Siempre debe ser planteada de manera individualizada teniendo en cuenta los factores que rodean al individuo. Una valoración médica de su estado de salud es fundamental para poder plantear una pauta nutricional que considere su tratamiento farmacológico y el resto de factores como su nivel de independencia, sus relaciones sociales y factores económicos y psicológicos.

P-¿Hay algún tipo de alimento especialmente recomendado?

R- A mi parecer no existe un alimento recomendado ni en esta etapa ni en ninguna otra. La clave es que el aporte de nutrientes para el individuo sea adecuado en función de sus necesidades y estado de salud. Sin embargo, y en base a los cambios en los requerimientos nutricionales para la tercera edad, existen recomendaciones a tener en cuenta: es muy importante que las proteínas tengan un alto valor biológico, es decir, que contengan aminoácidos esenciales. Además, el aporte proteico debe estar distribuido entre proteína animal y vegetal. En cuanto al de hidratos de carbono, conviene que sean complejos ya que son de absorción lenta y permiten obtener un nivel de glucosa en sangre más estable. Es importante aumentar la fibra dietética en esta etapa para prevenir problemas de estreñimiento, y los lípidos deben basarse en grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas.

P- Al disminuir el requerimiento energético total, ¿debe rebajarse también el aporte de los alimentos más calóricos?

R- Para el anciano sano podemos considerar disminuir el aporte de alimentos más calóricos y pobres en nutrientes, una buena opción es reemplazarlos por aquellos que contengan un nivel adecuado de vitaminas y minerales. Una de las cuestiones sobre las que más se suele advertir en esta edad es sobre el potencial riesgo de deshidratación.

P- ¿Y cuál sería la cantidad óptima para evitar la deshidratación?

R- Debido a los cambios físicos y metabólicos que sufre el anciano, su sed se ve disminuida. Este hecho y otros ambientales como el calor, hacen que la deshidratación sea una de las causas más frecuentes de hospitalización. Para el anciano sano se recomiendan al menos ocho vasos de agua al día.



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