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Ana María González Ramos: “Es hora de cambiar la cultura científica, no solo los números”
Redacción, 14-08-2025.- Ana María González Ramos es, desde hace apenas unas semanas, nueva directora del Instituto de Estudios Avanzados de Andalucía (IESA), un cargo desde el que espera impulsar una ciencia “responsable y útil a la ciudadanía”. Socióloga especializada en género y estudios sociales de la ciencia y la tecnología, le gusta citar a pioneras de su campo —“como en otras ciencias, se olvidaron y no están en los manuales”— y destaca la importancia de las redes de mujeres dentro de la investigación (ella misma es muy activa en AMIT, la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas). Hablamos con ella sobre la importancia de la sociología en el mundo actual y sobre sus líneas de investigación, que en los últimos años se han enfocado en la dimensión social de la salud.
A continuación se recoge parte de la entrevista del CSIC:
Pregunta. – Es la primera directora del IESA en sus más de 30 años de historia. ¿Qué dice esto de la situación de la mujer en la ciencia?
Respuesta. – Pues dice que estamos avanzando, menos mal. En este caso, es además un éxito doble, porque no es solamente que hayamos llegado a la dirección [se refiere a ella y a Jenny Glickman, nombrada vicedirectora] sino que nos hemos incorporado recientemente al cuerpo de científicos titulares del centro, entre los que no había ninguna mujer. Son cambios que también son visibles en el CSIC, donde en los últimos años ha aumentado el número de personal, en general, y de mujeres en particular. Si miramos el informe de Mujer y Ciencia de 2023, que recoge datos del 2021, vemos que las mujeres directoras en el CSIC son un 26%. Una de cada cuatro. Es una cifra triste, pero en la media europea; aunque probablemente haya aumentado en los últimos años. Estos números son importantes, porque sin números no hacemos nada. Pero creo que estamos en una fase en la que tenemos que ser un poco más ambiciosas y ambiciosos —también ellos— y enfocarnos en cambiar las culturas. Esto es importante no solamente para temas de género, sino también para la diversidad que tenemos actualmente en los centros de trabajo: personas con discapacidad, personas que tienen diferentes expresiones de género, gente que pueda tener diferente orientación sexual… Todo eso forma parte de la vida. Necesitamos aprender a convivir en contextos a los que no estábamos habituados anteriormente.
La nueva directora del IESA reclama más recursos para las ciencias sociales y su papel en el diseño de políticas
P- Una de sus líneas de trabajo son los determinantes sociales de la salud, sobre todo desde una perspectiva de género. ¿Vivimos hombres y mujeres la enfermedad de manera distinta?
R- Por supuesto. Vivimos la enfermedad de manera distinta y los recursos a los que accedemos—tanto técnicos como científicos o personales— son también distintos. Y esto se ve históricamente. [Charlotte] Perkins, una de las primeras sociólogas, tiene un libro muy famoso, que fue bestseller en su época, que se llama El papel de pared amarillo. Y lo que cuenta, además con una parte autobiográfica, es el tratamiento que se daba en la época a mujeres que tenían depresión postparto, que ahora identificamos médicamente pero que en aquel momento no sabían identificar y consideraban una excentricidad de la mujer.
Esto nos sigue pasando a las mujeres, porque a veces no hemos identificado bien el problema, no sabemos qué ocurre. Por ejemplo, ¿por qué la prevalencia de trastornos de alimentación es mucho mayor en chicas, pero, sin embargo, en los chicos aumenta cada vez más? Pues porque hay una serie de factores culturales, sociales, de exigencia, de competitividad… Es decir, que existen dimensiones sociales que tienen que ver con la propia enfermedad.
“La enfermedad también tiene género”
P- Habla de dimensiones sociales de la salud, no de determinantes sociales. ¿Por qué?
R– Esto es un punto original de nuestro grupo de investigación. La OMS lo que dice es que en la salud hay que tener en cuenta diferentes factores sociales. En nuestro grupo sostenemos que las dimensiones sociales están completamente imbricadas en la salud. No es coger una encuesta y mirar los hombres, las mujeres, la edad… No es “voy a ver cómo la raza o la etnia aumentan el riesgo de diabetes”, sino que tengo que saber cómo el consumo de azúcares está influyendo en las conductas de la población, cómo los medios están tratando el tema, si desde la parte política se están haciendo leyes para evitar las bebidas azucaradas… Es importante, porque luego adaptamos nuestros hábitos de vida a todos estos mensajes que no solo son médicos, sino que vienen denuestra compañera de trabajo, nuestra madre, nuestro padre, o nuestros hijos e hijas.


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