La cronicidad del mieloma múltiple y la complejidad del tratamiento sitúan al farmacéutico como garante del uso seguro de los medicamentos

Redacción, 08-09-2026.- El mieloma múltiple es una neoplasia maligna de la sangre poco frecuente que representa alrededor del 1 % de todos los nuevos casos de cáncer y el 13 % de las neoplasias sanguíneas en España. Además, se estima que en 2026 se diagnosticarán más de 3.500 nuevos casos.

Mientras que algunos pacientes pueden pasar años sin manifestar síntomas, otros debutan directamente con la enfermedad y sufren desde el inicio las manifestaciones clínicas más características, como dolor, lesiones óseas, anemia, insuficiencia renal, hipercalcemia y una mayor susceptibilidad a las infecciones.

La buena noticia es que, en los últimos años, la supervivencia ha mejorado considerablemente, paralelamente a una profunda evolución del abordaje terapéutico, sobre todo, por la incorporación de la inmunoterapia y la terapia génica (CAR-T) en sus indicaciones. Esto ha permitido mejorar significativamente el pronóstico de los pacientes con recaídas o refractarios a los fármacos utilizados en los primeros escalones terapéuticos.

Tal y como recoge Farmacéuticos, la contribución del farmacéutico en el uso seguro, efectivo y adecuado de los tratamientos es de gran relevancia y se hace imprescindible para estos pacientes no solo por la rápida incorporación de nuevas alternativas terapéuticas para tratar el mieloma múltiple sino también por el carácter crónico de la enfermedad y la complejidad del tratamiento, que se basa en combinaciones complejas de fármacos.  

Una intervención transversal  

Tanto es así que el farmacéutico lleva a cabo una intervención transversal a lo largo de todo el proceso asistencial, que va desde la validación y optimización inicial de la farmacoterapia hospitalaria hasta la conciliación, educación sanitaria, seguimiento de la adherencia, prevención y detección de toxicidades, farmacovigilancia y continuidad asistencial.

En el caso del farmacéutico hospitalario, valida y optimiza el tratamiento mediante la comprobación del esquema terapéutico, las dosis y la pauta según la indicación y revisa los tratamientos previos, la función renal y hepática y las toxicidades asociadas a la quimioterapia. Asimismo, ha visto ampliadas sus responsabilidades por la reciente incorporación de las terapias CAR-T.



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