Amigdalectomía o Adenoidectomía

La extirpación de las amigdalas o amigdalectomía es aconsejable cuando los episodios de amigdalitis son tan frecuentes o graves que llegan a afectar a la salud general del niño e, incluso, a interferir en sus actividades académicas o a influir en funciones como la audición o respiración.

Para algunos médicos, esta intervención quirúrgica se realiza con mayor frecuencia de lo necesario, de ahí que resulte aconsejable contar con una segunda opinión en el caso de que haya dudas sobre su conveniencia.

Por lo general, la amigdalectomía es una cirugía que requiere un día de ingreso.

Durante los primeros días siguientes a la operación cabe esperar que el paciente sienta cierto dolor en el oído y en la garganta.

Con frecuencia, en la misma intervención para extirpar las amígdalas se procede a la resección del tejido adenoideo o vegetaciones, ya que ambas condiciones suelen coincidir en los pacientes pediátricos.

El tejido adenoideo se encuentra en cantidad variable durante la infancia, disminuye con el crecimiento y puede desparecer en la adolescencia. Si el tejido se desarrolla en exceso, llega a ocupar la rinofaringe, área situada tras el velo del paladar en la parte posterior de las fosas nasales. Este crecimiento excesivo origina problemas como obstrucción nasal, otitis, etc., consecuencias que plantean su resección.
La técnica quirúrgica utilizada para extirpar las vegetaciones, denominada adenoidectomía, se realiza a través de la boca, bajo anestesia general o local. La recuperación completa, ya en el domicilio, ronda una semana, tiempo en el que el paciente puede presentar congestión y flujo nasal, así como dolor de garganta.

Javier Cervera (Especialista del departamento Otorrinolaringología de la Clínica Universidad de Navarra. 3/04/2009)



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